La promoción número 39 nos dice adiós

El viernes 26 de mayo celebramos el Acto Académico de despedida de nuestros alumnos de Segundo de Bachillerato. Son ya treinta y nueve las promociones que nos contemplan y la emoción se renueva todos los años. Les decimos adiós pero sabemos que Argantonio seguirá formando parte de su memoria.

El acto tuvo lugar en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras y contó con la introducción y cierre musical del Coro Argantonio. Alberto Fernández, coordinador de Bachillerato, ejerció a su vez de presentador. Por parte de los padres tomó la palabra Doña María del Carmen Almadana Pacheco. Intervinieron en representación de los alumnos María Torres Ruiz y César Garrido González. Tras la imposición de las becas se procedió a la entrega de matrículas de honor y menciones honoríficas. Marta y Teresa Benítez García fueron distinguidas con sendas matrículas y las menciones honoríficas recayeron en Juan Mera Doña e Irene Hermo López.

Uno de los momentos más emotivos de la noche fue el homenaje a nuestro profesor José Carlos Sánchez Pérez, D. Carlos, que se jubila este curso y que ha dejado una profunda huella en nuestro colegio. El acto culminó con las tradicionales palabras de despedida de nuestro director, D. José Manuel García Gil. Extraemos un par de fragmentos de su intervención y felicitamos a alumnos, profesores y padres por ser parte de esta historia que el Colegio Argantonio escribe todos los días:

“Esta es, si la memoria no me hace trampas, la vigésimo segunda vez en la que, como director, me dirijo a los alumnos de 2º de Bachillerato que se despiden del Colegio. Y uno cobra verdadera conciencia del tiempo cuando en actos como este descubre que el presente también empieza a estar lejos, tanto que resulta menos inquietante la distancia de un pasado lejano. Hace ya 23 años que murió mi padre y entre las muchas lecciones que me dejó, una forma parte de mis más firmes convicciones: la puso delante de mis ojos desde que era un niño. Tendría yo siete u ocho años, cuando cada vez que accedía al colegio veía frente a la puerta de la entrada, escrito con letras de molde, sobre la pared, el versículo segundo del capítulo 18 de Mateo: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” Con independencia de lo que cada cual entienda por el reino de los cielos, es una afirmación que siempre me acompañó y que, de tanto leerla, un día tras otro, se quedó grabada a fuego en mi memoria. Tanto que he tratado de aplicarla en mi trabajo diario desde que asumí la dirección de este colegio, convencido como estoy de que acertaremos siempre si somos capaces de ponernos en el lugar de los niños y si aprendemos a mirar por sus ojos. Porque es verdad que venís a la escuela a aprender una serie determinada de saberes, matemáticas, geografía, ciencias naturales, pero también a hablar con esa voz que sólo a vosotros os pertenece y que tenemos que saber escuchar. A la educación racional, basada en la trasmisión ordenada de conocimientos y objetivos, ahora de competencias, debe añadirse otra, basada en el amor y en el reconocimiento del valor y el misterio de la infancia. Las palabras de la escuela deben ser ese ¡ábrete Sésamo! capaz de abrir las piedras y llevar al niño a la cueva donde se guardan los tesoros del corazón humano. Pero también, como las llamas de la cerillera, deben ayudarle a ver el mundo. No sólo a ver mejor, sino a ver lo mejor, como quería Juan de Mairena (….)”.

(…) “A todos mis queridos alumnos y alumnas de 2º de bachillerato, a Patricia, a las tres Marías, a las tres Martas, a Teresa, a Eva, a Marisa, a Santiago, a los dos Alejandro, a Rosita, a César, a Ariadna, a las dos Clara, a Samuel, a Sandra, a Irene, a Adrián, a Juan, a Abraham, a Javier, a Alberto, a Fernando, a Yolanda, a Carmen, a Luis, a Curro, a Paloma, a Mercedes, a Enrique, a Alejandra, a Hilda, a Ya Bin, al maravilloso cuarto al que di clase hace dos años, gracias por venir a este colegio. No os vayáis nunca. Este colegio es vuestro. Vuestro paso por él ha transcurrido mientras escribíais, leíais, jugabais, pintabais, aprendíais… Y, sobre todo, os mirabais los unos a los otros al hacerlo. Es decir, convivíais. El futuro es ya presente con vosotros y celebramos haber tenido la oportunidad de compartir buena parte del trayecto.”

No se admiten más comentarios