Este curso cumplimos 50 años. Desde el blog Memorias de Argantonio estamos haciendo historia de esos 50 años. Entre esas historias queremos compartir también en nuestra Web este texto que nos hace llegar el querido profesor José Manuel Teijón Escudero que formó parte del profesorado de Argantonio en los años setenta:

Cuando el otoño de 1971 principiaba a deshojar las togas verdes de los adonis Jardines de Pemán y, a desalojar los últimos bañistas de la sorprendente Caleta, mi alma, forjada en la austeridad de la penillanura salmantina, arribaba a la luminosa alegría de la tres veces milenaria ciudad gaditana.

Mi vida varió radicalmente en la segunda mitad de aquel jubiloso septiembre, varios telegramas, entonces era la forma más rápida para contactar, respondían a las solicitudes de trabajo que previamente habíamos enviado María y yo. María licenciada de Filología Clásica y yo en Historia. Después de analizar varias demandas laborales para Institutos en una misma localidad, optamos por aceptar las que la Dirección Provincial de Educación de Cádiz nos ofrecía en San Fernando. Cádiz se abría para nosotros como un lugar ideal donde trabajar, si bien no conocíamos a nadie pensábamos que sus atractivos eran muchos.

 Preparamos nuestra boda con muchísima ilusión y urgencia, dispuestos a compartir la vida juntos, la celebramos el 28 magníficamente. Nuestro viaje de novios fue venir hacia Cádiz para firmar los contratos de trabajo el uno de octubre. Acudimos a la atractiva Plaza de Mina donde nos recibió D. Pedro Valdecantos, entonces Director Provincial, quien después de firmar María su contrato, nos dijo que yo ya no tenía mi puesto porque regresaba el catedrático de Geografía e Historia desde la inspección que había ocupado a su cátedra. Me animó y me dijo que no me preocupase que pronto me llamaría para empezar a trabajar.

Pasaban los días y aunque yo insistía cotidianamente la Dirección de Educación no tenía trabajo para mí… Como el curso escolar estaba a punto de comenzar opté por empezar a buscarlo. Copié las direcciones de todos colegios privados y decidí empezar a visitarlos en el orden alfabético que los había copiado.

Mi primera visita era ir al Colegio Argantonio, encaminé mis resueltos pasos a la Calle 24 de Julio, nunca olvidaré esa mañana. En el atrio un mostrador de recepción, tras el me atendía un educado joven, entonces se abre una puerta y apareció un caballero, el recepcionista se dirigió a él: “Sr. director, este señor quiere hablar con Ud.”

Me presenté y brevemente le participé el motivo de mi visita, su acogida fue exquisita, me comentó que salía del Colegio en ese momento para acudir a una reunión y me citó para hablar con tiempo la mañana siguiente.

Ese fue mi inicial contacto con D. José Manuel García Gómez. En mi primera impresión creí conocer un hombre entrañable. Como habíamos quedado no seguí mi búsqueda y, regresé al Hotel Sal y Mar de San Fernando donde fijamos nuestra residencia hasta encontrar casa. Algo especial sentía en mi interior, me parecía que entre D. José Manuel y yo se había suscitado una empatía receptiva.

El día siguiente me recibió en su despacho, donde tuvimos una charla de casi hora y media. Mi bagaje en el mundo de la educación e investigación era muy pobre, estuve un curso elaborando la tesina el Departamento de Geografía de la USAL bajo la dirección de mí maestro el Catedrático Dr. D. Ángel Cabo Alonso, e impartí mis primeras clases en los Cursos de Verano para extranjeros de la USAL, en un colegio y una academia de mi ciudad ese mismo curso. Pero mi vocación era inmensa, desde mi adolescencia tenía claro que yo quería ser profesor de Geografía e Historia, mi padre que falleció en mi primera juventud fue catedrático de Geografía y yo soñaba todos los días con ocupar alguna vez su cátedra. También tenía muy claro que la educación necesitaba de cambios urgentes, yo tuve excelentes Profesores, pero deseaba una educación más librepensadora, más participativa, más crítica, una educación donde cada alumno pudiese desarrollar de modo integral valores y actitudes, más parecida a la que se desarrolló en la Institución Libre de Enseñanza. En aquellos momentos entraba en vigor la Ley Villar Palasí y con ella se abrían más posibilidades.

A medida que transcurría nuestra charla, me percaté que D. José Manuel era un ínclito portador y entusiasta de todos los pilares que sustentaban mi vocación, que todos los poros de su piel rezumaban los principios y valores que guiaban mis pautas profesionales. Estaba hondamente feliz, había encontrado el clímax perfecto donde trabajar si al final me aceptaba como profesor.

Recorrimos las instalaciones del Colegio y volvimos a la Secretaría, me presentó a Dª Catalina Gil Jiménez, su encantadora esposa, a quien le dijo que me iba a quedar en el Colegio como Profesor, y a D. Luís Silva, que entonces era el Administrador. El Colegio me encantó, tenía un estilo particular, un sello que reflejaba la personalidad y la ideología de su creador y director, una atmósfera muy especial donde trabajar sería un placer.

Así empezó el que era el segundo año de vida del Colegio y el segundo año de vida académica para mí. Fui conociendo a los compañeros, al joven educado que me recibió el primer día, el fiel amigo y polivalente Rafael, a D. Elías el paciente pacense de Calera de León, a D. Torcuato Profesor de Matemáticas, al ilustre historiador D. Gregorio Teruel y de Tejada, a D. Antonio Aranda el Párroco de S. Severiano y Profesor de Religión, a la Srta. Emilia Senrrá Profesora de Dibujo, a D. Eduardo Santander… y una lista bastante amplia de los que aún recuerdo sus caras pero no su nombres, perdón por ello, mi memoria me falla después de 50 años. Aquí tuve la gran suerte de conocer a todo un claustro de compañeros de los que tanto aprendí y almaceno gratísimos recuerdos. Todos me ayudaron a forjar mi personalidad como profesor dándole un precioso toque por alegrías.

Han pasado cinco décadas desde aquello, pero fueron tantas, tan válidas e intensas las vivencias acaecidas al lado de D. José Manuel, que mi corazón se agita más fuerte y en la garganta la emoción parece ahogarme cada vez que renacen en mi mente.

Día a día D. José Manuel fue regalándome sus múltiples virtudes y valores, que como lluvia limpia, fecundante y bien caída ayudaban a desarrollar la semilla que mi padre había sembrado. Poco a poco, de modo pausado sin mácula e intensamente me hizo partícipe de su apasionada defensa de la libertad, de su gran amor a Cádiz, de su adorada familia, del “santa sanctorum” como él denominaba a su tupido despacho, de su primorosa obra poética, de su resalada y salada claridad, de su revista Caleta, de sus profundos sentimientos… y de tantas y tantas cosas que modelaron mi espíritu. Su recuerdo me hace sentir muy orgulloso y eternamente agradecido.

Te acuerdas José Manuel de nuestros vacilantes sueños por agrandar e ir ampliando las dependencias del Colegio, patios, locales, pisos, RENFE, incluso en la Calle Santa María de la Soledad… Hoy desde el cielo gozarás de los sueños cumplidos.

Recuerdas nuestros viajes a Sevilla al Corte Inglés para adquirir uniformes, material de educación física y deportes, pizarra de música, contingente para los laboratorios y un sinfín de elementos para el Colegio, recuerdas que siempre empezaban con un caramelo “pictolín” para que nuestras gargantas tolerasen ir declamando obra poética de Antonio Machado, Federico García Lorca…, recuerdas que nunca olvidábamos un detalle para Catalina y para María y, que generalmente concluíamos con una invitación a orillas del Guadalquivir del Sr. Serna, entonces Director del Corte Inglés sevillano… Ahora en la gloria declamarás junto con los poetas tu obra amorosa al Padre y a todas las celestiales almas.

Te acuerdas de nuestros viajes a ver los anticuarios de Sanlúcar, a saborear pescaditos en El Puerto, a visitar a los poetas de Arcos, a Olvera para gozar de la grata acogida de tu hermana, donde el cuñado Enrique alargaba la sobremesa hasta la madrugada para degustar una sabrosa sopa de ajo…

Revivo una Navidad que fue especial para toda la familia del Colegio Argantonio, dos familias numerosas acamparon en la contigua esplanada de RENFE, adolecían de lo más elemental, ropa y nutrientes, inmediatamente pusimos manos a la obra, hicimos una campaña de concienciación con los alumnos y todo el mundo se volcó, mi despacho de Jefatura de Estudios rebosaba y se llenó totalmente un aula grande, no sabíamos que hacer con tantos alimentos y vestuario… Ese era un fruto del espíritu de amor solidario que D. José Manuel imbuyó al Colegio.

Son muchos los acontecimientos que viví en aquellos años, mesas redondas conferencias, clases prácticas fuera del aula, exposiciones, talleres varios, excursiones, visitas a fábricas, museos y centros de interpretación, representaciones teatrales, recitales poéticos… A la sazón rememoro un viaje de estudios fin de curso que hicimos juntos por la Ruta de la Plata hasta León, con detenida visita a mi Salamanca o el teatro leído experimental de la lorquiana Mariana Pineda por la hondura comprensión que tuvo en el alumnado este bello canto a la libertad.

Nunca olvidaré tus apasionadas y minuciosas explicaciones sobre todo lo que tu espíritu gaditano amaba con singular grandeza, la Semana Santa, las entonces Fiestas Típicas Gaditanas, la hermosa Bahía, la joya de la Caleta, los Pueblos Blancos… Tu arrebatadora palabra era siempre un regalo atractivo y vivificante que alentaba día a día mi pasión gaditana a la vez que acrecentaba tu bonhomía.

Pasaron dos años más y me llamaron de la Dirección de Educación para dar clase en la Escuela de Maestría Industrial de S. Fernando, aledaña a mi hogar. Era mucho lo que dejaba, mi amado Argantonio, fue un titánico desgarro interior, pero la atención de mis dos hijos me reclamaba incesante. Siempre mantuve contacto con el Colegio y una frustrada añoranza que hoy confieso pervive. Ya en mi catedra de Salamanca, otro sueño logrado, seguí con esa incurable herida y cuando llegaba el verano era obligada mi visita al Colegio, donde pasé unos años plenos de felicidad.

 En la gélida madrugada del 14 febrero de 1994 me despertó un manotazo duro, terrible, cuando por teléfono, uno de tus hijos me comunicó que acababas de morir, el dolor sin límite saturó mi corazón… Pero enseguida recodé tus palabras frente a mi temor a la muerte, frase que nunca olvidé, fue una tarde de mayo, caminábamos por tu acariciada Calle Cervantes, me decías que nuestro Cristo era el Dios de la vida, que la muerte suponía empezar a vivir… No pude desplazarme hasta Cádiz para darte el postrer adiós, pero sé con absoluta certeza que nos cuidas y proteges desde el cielo.

Que altanería me produce ver como Catalina, egregia mujer, esposa, madre y artista, ha sabido con sus hijos José Manuel, Daniel y Luís mantener viva la llama intelectual de José Manuel. Cierto es que la voz popular “De casta le viene al galgo” es real una vez más, como bien puede atestiguar el excelente internista Daniel la genética no falla, para constatarlo ahí está la exorbitante labor de sus hermanos José Manuel y Luís, el primero director y el segundo gerente del Colegio. 

Ahora, ya años jubilado, mantengo con frecuencia una nostálgica mirada a la pantalla del ordenador para seguir la colosal andadura del Colegio… Veo con orgullo como se han conquistado sobradamente aquellos sueños que tanto anhelábamos hace cincuenta años, siempre me decías que con trabajo y responsabilidad se conseguían, veo que el Colegio está en la cúspide educativa sin haber perdido un ápice del innovador ideario de su creador y director mi AMIGO D. José Manuel García Gómez.